nuestra historía

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toñina gonzalez - vida ejemplar.

Trabajamos duro pero nos queda el orgullo de pensar que en la historia de la e

volución hacia el éxito turístico el pueblo de Cosgaya despertó entre los primeros de Liébana, antes incluso de la construcción de teleférico de Fuente.

O vacas o mesón, 

En 1957 cuando casé y me fui de mi pueblo para vivir en él, con mi marido aún no teníamos carretera tampoco tenemos escuela ni bar ni agua ni corriente ni párroco ni nada. 

 

Mi pueblo se llama Tollo y tiene una docena de casas está, perdiendo en las montañas de los Picos de Europa, a unos diez kilómetros de Potes (Cantabria). Éramos siete hermanos yo la segunda mayor, y mis padres se ganaban la vida con la agricultura de montaña, unas pocas vacas y otros animales de menor importancia. Cada día,de pequeños, recorríamos varios kilómetros para acudir a la escuela a Tudes, y por las tardes ayudabamos en casa en todas las labores, desde ordeñar las vacas y controlar el ganado menor, sobre todo cabras y ovejas, también cerdos y gallinas,hasta la recogida de las cosechas de turno: trigo, patatas, garbanzos, lentejas, alubias y todo tipo de frutas, además de una viña para consumo de casa. Éramos labradores en el más amplio sentido de la palabra : de rastrillo y arado, de pico y pala, de guadaña y horca. Pero tuvimos la suerte de tener unos padres que se sacrificaron para darnos alguna educación. Así fue como los hermanos más pequeños pudieron cursar estudios, incluso superiores, y los mayores recibimos más cultura que la limitadísima que entonces ofrecía el Estado. Yo tuve la suerte de ser enviada por mi madre a un colegio de monjas en Santander, el San José.

Mi marido se llamaba Bernabé calvo y era vecino de un pueblo, Cosgaya no muy distinto al mío pero con una gran diferencia: tenía carretera en uno de sus barrios, Areños. Allí nos fuimos a vivir a una casa grande, de piedra, con cuadra y pajar en la parte trasera, jardín con higuera, la escuela, al lado, y bolera Iglesia a tiro de piedra. 

En esa casa/cuadra/pajar — hoy reconvertida en un hotel con veinticuatro habitaciones, grandes salones,una estupenda cocina de bañera más piscina y dos terrazas —, fue donde comenzó mi vida de empresaria con una pequeña taberna-tienda en la parte delantera de la casa, una especie de arca de Noé en la que vendíamos de todo: desde artículos de alimentación y bebidas, hasta tabaco, botas de monte, sellos de correos, albarcas con tarugos, campanos, lapiceros y cuadernos escolares, caramelos y chicles, algo de ropa … De todo. Hoy,superados con creces mis ochenta años, sigo al pie del cañón como suele decirse. No sé, un día de estos habrá que pensar en ir dejándolo. Por cierto, en 2006 tuve el honor de recibir, por concesión del ministro de Trabajo y Asuntos Sociales la Medalla al Mérito en el Trabajo y en el discurso que pronuncié en la Delegación del Gobierno en Santander recordé a quienes no pudieron acompañarme aquel día, mi marido Bernabé y mis padres. << Me emociona pensar lo orgullosos que estarían si pudieran verme aquí, honrada con esta medalla y rodeada de ustedes >>, dije,emocionada.

Éramos la única tasca del pueblo, hoy un gran referente turístico al pie de los Picos Europa, pero aún así no daba para vivir, y menos con la llegada de nuestros cuatro hijos, el primero José Ignacio, en el año 1958 y los tres siguientes ,dos chicas Luz María y Montse y otro muchacho Jesús María, con apenas dos años de diferencia entre ellos. Así que mientras mi marido Bernabé bajaba cada día al ayuntamiento cercano de Camaleño en calidad de escribiente, yo atendía solo a la casa, la tienda, el bar, las vacas y a los hijos.

Trabajamos duro, pero nos queda el orgullo de pensar que la historia de la evolución hacia el éxito turístico el pueblo de Cosgaya despertó entre los primeros de Liébana, antes incluso de la construcción del teleférico del Fuente De. Uno de los hombres providenciales en ese camino fue Bernabé Calvo, mi marido. Nuestro establecimiento se hizo famoso como Casa Bernabé y mi cocina casera fue aumentando la clientela, hasta que pudimos prescindir de las vacas, que detestaba desde pequeña. Tuve siempre claro cómo resolver la disyuntiva familiar de << o vacas o mesón >>. Tampoco mis hijos me salieron ganaderos, la verdad. Reímos con ganas cuando nos contamos cómo mientras yo ordeñaba a mano las vacas para el consumo de casa o para hacer quesos y mantequilla, ellos, los chicos, en expedición ruidosa, peleaban, siempre miedosos, por no pasar de la puerta que separaba la taberna de la cuadra.

Bernabé murió joven, en 1976, cuando mi hija más pequeña, María Montserrat, acababa de cumplir nueve años. Todos estudiaban en el colegio de Potes a donde bajaban cada día. No sé cómo tuve fuerzas para avanzar, pero no nos paramos . La fonda, que daba algunas comidas cada día a maderistas, cazadores y viajantes, se había convertido ya en un mesón afamado, de cocina casera, y después en un pequeño mesón,con media docena de habitaciones más las cinco que habíamos reservado en el piso superior para la familia. Todavía recuerdo a veces con mis hijos cuando nuestros primeros comensales, en tiempos de mi marido, pedían trucha para comer y contemplaban al propietario sacar su caña del armario y acercarse al río para pescarlas. Bernabé fue un famoso furtivo pescador y cazador, al que las autoridades de la época, hartas de no poder atraparlo in fraganti, decidieron nombrarlo de oficio guardamontes y guardarríos.

 Sobreponerse a la muerte repentina de mi marido fue terrible pero, cada año, finalizada la temporada alta, hacíamos alguna reforma de la vieja fonda. Ya nos llamábamos Mesón Cosgaya, aunque muchos clientes, que terminaban siendo como la familia, nos conocían como Casa Toñina, mi nombre familiar. Tardamos años, pero he logrado cumplír el sueño de mi vida: tener una cocina con los electrodomésticos más modernos de la industria hostelera y contar con un gran comedor. Y con salones, además de unas habitaciones decoradas por mis hijas Luz María y Montse con un entusiasmo que ha merecido la pena, todas con grandes ventanales con los Picos de Europa al fondo. O sea, el Hotel.

 Hasta que me casé no tuve ninguna experiencia en negocio alguno de hostelería. Todo lo aprendí practicando, pero es importante adquirir una buena preparación cultural y teórica. Lo he visto en mis hijos, que han tenido la oportunidad de estudiar más que yo: ellos ven primero las cosas, conocen la tecnología del sector,manejan la informática, tan fundamental en estos momentos, saben cómo organizar la empresa, cómo dirigirla. A veces tengo la impresión de que lo fundamental lo han aprendido conmigo, a mi lado, con la práctica, así que tengo suerte de conjugar las dos ventajas de un buen negocio de hostelería: el haber crecido mamando el negocio y la capacidad de asumir las nuevas corrientes de la profesión.

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hotel . desde 1957

Hotel situado en el corazón de los Picos de Europa, a medio camino entre Potes y Fuente De, en la zona de Liebana y en el pueblo de Cosgaya.

Hotel moderno y confortable en el interior y respetuoso con el entorno en su exterior.

24 habitaciones dobles, todas exteriores.

 

HOTEL COSGAYA